Aladín y la puñetera IA maravillosa
La gente ha decidido que la IA es una lámpara maravillosa: frotas, pides y ¡puf!, deseo concedido. No funciona así. El genio no adivina, interpreta. Y hay que enseñarle.
La gente ha decidido que la IA es una lámpara maravillosa: frotas, pides y ¡puf!, deseo concedido. No funciona así. El genio no adivina, interpreta. Y hay que enseñarle.