Sangre en las máquinas: los luditas y un miedo que vuelve

Sangre en las máquinas: los luditas y un miedo que vuelve

Hay libros que te atrapan antes de abrirlos. Este me ha atrapado con el primer párrafo, y todavía no he pasado de ahí.

Se titula Sangre en las máquinas (Capitán Swing, 2025), y es la traducción al español de Blood in the Machine, de Brian Merchant, periodista que ha cubierto tecnología durante años en medios como Los Angeles Times o Motherboard. Lo tengo en la mesa, pendiente. Pero el arranque me ha parecido tan potente que quería escribir sobre él antes de leerlo. Habrá un segundo artículo, cuando lo termine, para comentarlo de verdad.

El párrafo que podría ser de esta mañana

El libro empieza pidiéndonos algo sencillo: «Imaginemos a millones de personas corrientes angustiadas por el miedo a una tecnología desbocada».

Y sigue. Gente preocupada porque las máquinas se queden con su trabajo, degraden su posición social y les cambien la vida por completo. Una desigualdad que crece sin freno. Un poder concentrado en quienes controlan el dinero y las nuevas tecnologías. Y un horizonte que todo indica que va a ser turbulento, social y económicamente.

Ahora, releamos ese párrafo pensando en la inteligencia artificial. En los titulares sobre empleos que «la IA va a sustituir». En el puñado de empresas que controlan los modelos más potentes. En la sensación, bastante extendida, de que todo va demasiado deprisa y de que nadie nos ha preguntado.

Encaja perfectamente. Y, sin embargo, Merchant no está hablando de 2026. Está hablando de Inglaterra, hace algo más de 200 años.

Una pincelada: ¿quiénes eran los luditas?

Hoy «ludita» se usa casi como insulto: el que rechaza la tecnología, el que no entiende el progreso, el que tira el móvil por la ventana. Pero los luditas originales no eran eso, o al menos esa es la tesis que el libro promete desmontar.

Lo esencial, sin entrar en materia:

  • Cuándo y dónde. Entre 1811 y 1816, en plena Revolución Industrial (el paso de la producción artesanal a la fábrica mecanizada), en los condados textiles del centro y el norte de Inglaterra: Nottinghamshire, Yorkshire, Lancashire.
  • Quiénes. Tejedores, tundidores y calceteros: artesanos cualificados que vivían de su oficio y veían cómo nuevas máquinas (telares mecánicos, bastidores de medias, máquinas de tundir) permitían a los dueños de las fábricas producir más barato con mano de obra peor pagada, a menudo niños.
  • Qué hicieron. Primero pidieron, negociaron y escribieron cartas. Después, de noche y organizados, entraron en talleres y fábricas y rompieron las máquinas a martillazos. Firmaban en nombre de un líder imaginario, el «General Ned Ludd» o «Rey Ludd», de ahí su nombre.
  • Cómo respondió el poder. Con una dureza enorme. El Parlamento británico convirtió en 1812 la destrucción de maquinaria en delito castigado con la muerte, y el Gobierno desplegó miles de soldados en las zonas afectadas. Hubo juicios, deportaciones y ahorcamientos. Solo unas pocas voces los defendieron en público; una de ellas, la del poeta Lord Byron en la Cámara de los Lores.

Hasta aquí lo que cualquiera puede encontrar en una enciclopedia. Lo interesante es lo que no cuenta.

Lo que el libro promete

Merchant plantea, por lo que adelanta la editorial, que esta historia no empieza en Silicon Valley, sino en la Inglaterra rural de hace dos siglos. Que los luditas no estaban en contra de la tecnología, sino de una forma concreta de usarla: la que hacía ricos a unos pocos a costa del oficio, el sueldo y la dignidad de muchos. Y que la pregunta que se hacían ellos («¿quién decide cómo se usan las máquinas, y a quién benefician?») es la misma que tenemos encima de la mesa hoy.

Eso es lo que quiero averiguar. Porque si tiene razón, hay preguntas incómodas que conviene hacerse ya:

  • ¿Perdieron los luditas porque estaban equivocados, o porque el Estado se puso del lado de los dueños de las fábricas?
  • ¿Qué fue de aquellos artesanos, de sus hijos y de sus pueblos, una generación después?
  • Y, sobre todo: ¿quiénes son hoy los tejedores? ¿Y quiénes son los dueños de los telares?

No tengo las respuestas. Todavía. El libro tiene más de 500 páginas y promete sangre en el título por algo.

Para quien quiera leerlo

Portada de «Sangre en las máquinas», de Brian Merchant (Capitán Swing, 2025)

Sangre en las máquinas. Los orígenes de la rebelión contra las grandes tecnológicas
Brian Merchant · traducción de Ángela Blum · Capitán Swing, 2025

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Cuando lo termine, le dedicaré otro artículo para comentarlo a fondo y ver si las preguntas de arriba tienen respuesta. Si alguien se anima a leerlo a la vez, los comentarios están abiertos.

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